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Hazte Amigo de Tu Tristeza

A veces se produce un cambio y nos sentimos tristes. Puedes menear tu tristeza hasta convertirla en autocuidado realizando algunas actividades físicas del tarro de menéame. Vamos a practicar.

Tu Práctica:

 

Primero, abrázate a ti mismo y deja escapar un gran suspiro. 

(De verdad, ¡pruébalo!)

 

 

A continuación, ponte las manos sobre los ojos y haz tres respiraciones con sonido de océano.

 

A continuación, túmbate y pasa las manos por encima de la cabeza 10 veces y piensa en una cosa por la que estés agradecido.

 

Y para terminar, haz 5 respiraciones tranquilizadoras para reducir tu tristeza. (Activa el sonido y pulsa el play.)

 

  

 

Ahora, pregúntate: "¿Por qué estoy triste? ¿He perdido algo o a alguien? ¿Estoy molesto por algo que ha sucedido?"  

 

Cuando llega la tristeza, es el momento de frenar.

 

Tómate el tiempo necesario para sentarte con tu tristeza y preguntarle qué necesita.

 

¿Tu tristeza necesita un abrazo? ¿Una siesta? ¿Un tiempo a solas? ¿Una taza de chocolate caliente?

 

Mientras no rechaces tu tristeza, normalmente se calmará. Mientras te sientas con tu tristeza, sé curioso (no crítico) para que pueda mostrarte qué hacer a continuación.

 

No importa lo que te hayan dicho los demás, está bien sentirse triste.

 

La tristeza llega para ayudarte a honrar una pérdida, a aceptar un cambio o simplemente a sanar. Si necesitas apoyo, pide a alguien un abrazo o que te escuche.

 

Sé amable con tu tristeza y tómate el tiempo de escucharla. Te dirá lo que necesita.  

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